
Lilliput.
Reina en tu trona,
inesperada emperatriz en calma,
su serenísima majestad,
Buda feliz en miniatura,
traes bajo el brazo
un mensaje de paz y de silencio,
el pan de la tranquilidad,
tres kilos largos de esperanza,
cuarto y mitad de biberones,
y una tonelada de luz.
Una sola de tus sonrisas,
apenas media carcajada,
bastan
para llenar los espacios todos,
de las almas los rincones más oscuros,
el universo entero
con tu magia transparente,
para pintar en tu entorno
la forma más pura de felicidad.
En tu nombre
podría Dios crear, si quisiera,
una oración microscópica,
un “aveÍria’’ chiquitín,
para bendecirte a ti entre todas mujeres,
la llena de toda gracia,
por blanca, por bondadosa,
por inmaculada,
porque le da la divina gana,
y porque sí.
Y podría yo,
espejo de los caminos que no debes seguir,
ser mejor que yo mismo
e inventarte
un poema incapaz de resumirte,
versos toscos que no dicen de ti,
pues es,
con palabras de este mundo,
imposible explicar
tu milagro y tu paradoja,
mi pulguita feliz.
Nos haces pequeños sin querer,
princesa en Lilliput,
tan enorme es, tan inmensa,
la risa limpia
que a todas horas germina
en el jardín tierno de tus labios.
Gracias.
Eternamente gracias.
Las flores de tu boca,
la luna en tus ojos,
nos recuerdan,
ese regalo que nos traes,
memoria de lo que algún día fuimos…
Incontaminados.
Extraordinarios.
Maravillosos.
Celestes.
Tú.
Reina en tu trona,
inesperada emperatriz en calma,
su serenísima majestad,
Buda feliz en miniatura,
traes bajo el brazo
un mensaje de paz y de silencio,
el pan de la tranquilidad,
tres kilos largos de esperanza,
cuarto y mitad de biberones,
y una tonelada de luz.
Una sola de tus sonrisas,
apenas media carcajada,
bastan
para llenar los espacios todos,
de las almas los rincones más oscuros,
el universo entero
con tu magia transparente,
para pintar en tu entorno
la forma más pura de felicidad.
En tu nombre
podría Dios crear, si quisiera,
una oración microscópica,
un “aveÍria’’ chiquitín,
para bendecirte a ti entre todas mujeres,
la llena de toda gracia,
por blanca, por bondadosa,
por inmaculada,
porque le da la divina gana,
y porque sí.
Y podría yo,
espejo de los caminos que no debes seguir,
ser mejor que yo mismo
e inventarte
un poema incapaz de resumirte,
versos toscos que no dicen de ti,
pues es,
con palabras de este mundo,
imposible explicar
tu milagro y tu paradoja,
mi pulguita feliz.
Nos haces pequeños sin querer,
princesa en Lilliput,
tan enorme es, tan inmensa,
la risa limpia
que a todas horas germina
en el jardín tierno de tus labios.
Gracias.
Eternamente gracias.
Las flores de tu boca,
la luna en tus ojos,
nos recuerdan,
ese regalo que nos traes,
memoria de lo que algún día fuimos…
Incontaminados.
Extraordinarios.
Maravillosos.
Celestes.
Tú.

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