jueves, 26 de febrero de 2009

Versos del pañal (4)





“Bonani”.


Última por ser primera,
grande aún siendo pequeña,
paradoja que se columpia
en un parque de pestañas,
ojos líquidos y profundos,
marea siempre alta en tu pecho,
sirena y calamar.

Tú, la mayor,
la abrecaminos, la sensata,
la magnética y voltaica,
la lumínica que ignora que lo es,
la perfección eternamente perseguida,
la lapa pegada a sus hermanos,
la “bonani”,
la supuesta seria,
la presunta tibia,
la piernas de gamba,
inacabables,
como infinito es tu don de dar.

Tú, la que vive, parapetada,
en el laberinto de ti misma,
en un desván de juguetes rotos,
consciente, a tu manera,
de que el amor,
el que tú conoces,
está hecho a veces de distancias
que tu corazón no comprende,
que tu mente se niega a procesar,
que te duelen dentro.

Tú, la no queja
_ ¿para qué?_,
la niña que manda besos por el aire,
abrazos de chocolate y viento,
palabras invisibles, adjetivos voladores,
adverbios de tristeza,
sintagmas de luz,
nombres jamás comunes,
el verbo amar
pronunciado con tu boca de silencio,
mientras sueñas con islas,
donde nadie te aísle, a ti,
la “ya voy yo”,
tú,
la “pichiqui”,
la madre más que hermana,
la custodia de los chupetes
que te brotaron en el alma.

Eres tan mayor a veces,
tan grande tu necesidad de azul,
que, a menudo,
le pido a Dios
un velero mágico, una balsa de sueños,
para llevarte de regreso
a la costa de ti misma,
y una rosa de los vientos
para que siempre recuerdes
el camino a casa,
la playa
donde te amamos sin freno ni distancias,
sin que tú te dés cuenta,
mi pequeña niña grande,
“bonani”,
ángel del mar.


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