Niño con h.
De una pizca de nube y de un algo de viento
tú emergiste, niño con h,
mudo al nacer para engatusar a todos,
bufón en la corte de los milagros cotidianos,
torrente irrefrenable de “palabros” después,
“quepeño” de corazón gigantesco,
querubín en un cuerpecillo de algodón,
señor de las travesuras con minúscula,
vasallo de doña imaginación.
Para ti, niño sin tiempo,
desertor del reloj,
dueño absoluto de tus horas,
dos y dos son diecisiete,
después sucedió ayer, mañana
no es nada, porque mañana
es hoy, aquí y ahora, ya,
¡inmediatamente!
Hoy es todo lo que hay.
Voraz como eres
_depredador de la alegría,
catedrático del bullicio,
banquero de la felicidad_,
que nadie te pida nunca lógicas,
que nadie espere jamás un porqué,
ni ecuaciones, ni trigonometría,
pues tú, niño con h,
apuestas por la metafísica de las cosas,
la alquimia de las almas “quepeñitas”
que se divierten en el jardín terrenal de Dios,
ése ser cachondo por antonomasia,
extraordinario,
que tu mano frenética y mágica
pinta con “acaruelas” femeninas,
con gastados rotuladores de luz.
Capitán de catorce mil mares
_puede que se me quede alguno
en el tintero inagotable de tu invención_,
navegas por la vida en una furgoneta azul,
la de tu corazón marino,
ejecutando la tristeza a punta de broma
y regalando tus sonrisas a raudales,
las rosas de cartulina
que te crecen en el corazón.
Explorador que busca su norte en una “múscula”,
que sacia su sed de aventuras en una “cantinflora”,
tú eres, a ratos tú mismo,
mayormente lo que sueñas,
intrépido caballero, capitán tan-tán,
amigo de dinosaurios y primo-hermano
de los monstruos,
paladín de Dios,
que combate oscuridades con plastilina
y convierte en ranas
a las princesas de cartón.
Saco inagotable de preguntas, curioso
hasta la desesperación, tú,
mi hijo,
mi razón de ser,
más que mi sangre,
eres hermoso hasta cuando la mala baba
que de mí has heredado,
te revuelve a ti las tripas y a mí el esternón
y acabamos los dos peleando
para acabar muriéndonos de la risa,
payaso yo completo y tú pequeño cómico,
tan iguales
y en el fondo tan distintos,
mi niño con h,
mi casi clon,
mi ángel lumínico que sueña sin rubor
con reinventar algún día la alegría
en otras vidas y en otras aventuras,
convertido, por deseo de tu alma infatigable,
en foca, en hormiga
o en ratón.


No hay comentarios:
Publicar un comentario